La venganza de Géminis

Ya que hemos tratado el tema de la venganza de los signos del zodiaco, hacemos una mención especial a la revancha geminiana. ¿Sabes que puede ser temible?

Cuídate del signo de los gemelos. Porque pocas veces se venga, pero cuando lo hace es demoledor.

geminis-dualSu habilidad dialéctica le basta para sacarte los colores en un enfrentamiento verbal. De esmerarse, es capaz de destrozarte con sus afiladas palabras.

Géminis es certero cuando hiere. Lo es, porque le gusta estudiar a la gente con la que trata y saber de qué pie cojea cada uno.

Ahí tiene más ventaja que los introvertidos. Al ser tan sociable, aprende rápido de unos y otros. Y de ese aprendizaje pueden surgir ideas sorprendentemente aterradoras.

Permanece alerta. A Géminis no lo ves venir. Además, ha aprendido a asestar el golpe en el momento oportuno y a retirarse sin dejar huellas.

Eso es lo que lo hace tan peligroso: Que no sabes qué se le va a ocurrir ni en qué instante realizará su ataque. Es más, puede estar luciendo una sonrisa de oreja a oreja, mientras oculta el cuchillo en su espalda.

¿Quién diría que un ser tan encantador puede despedazarte en un segundo?

Hecha la advertencia del potencial de Géminis para la venganza, hay que señalar que, afortunadamente, no es muy dado a tomarse la molestia de despedazar a quien le hace daño.

En primer lugar, porque (aunque a ratos lo invada la nostalgia) suele mirar más hacia el futuro que hacia el pasado. Su “venganza” habitual consiste en buscar su felicidad… y dejar que quien lo hirió lleve lo que hizo en su conciencia.

En segundo lugar, porque se aburre de estar dentro del mismo rollo. Necesita cambio. Por tanto, si la venganza tiene lugar, lo más probable es que la ejecute en un momento próximo al acontecimiento doloroso. Conforme pasan los días, Géminis va perdiendo interés en el asunto.

Ya sabes. Si ha pasado mucho tiempo, no esperes el ataque de Géminis. Seguramente esté ocupado siendo feliz en lo suyo.

pastelazoPero, mientras el hecho esté reciente, ¡ojito!

Quizás el gemelo malo está a punto de asestarte el golpe rápido y definitivo.

Te observará y, justo cuando bajes la guardia…

(¡Ploffff…!)

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