¿De dónde saca Escorpio su sentido del humor?

No es nada fácil ser Escorpio. Muchos de los lectores de este blog lo saben, porque, sin poder evitarlo, nacieron en esas oscuras fechas de octubre y noviembre. Pobrecitos. Al abrir los ojos no sabían lo que se les venía encima.

¿Te parece que exagero? Si no eres Escorpio, intenta imaginarte la carga que representa.

escorpiónImagínate confesándole a alguien que eres Escorpio.

Quien te escucha, enseguida te etiqueta sin conocerte apenas: Eres el más malvado de los doce signos, extremista, desconfiado, vengativo…

Lo que se le pasa por la cabeza no te lo dirá.

Pero probablemente sí te haga alguna broma sobre tu vida sexual, mientras proyecta en su mente todo tipo de depravaciones.

Ser Escorpio es duro. Si tus padres, tus amigos o los conocidos saben que eres Escorpio, no hace falta nada más para que te echen la culpa de sus propias paranoias.

  • ¿Discutes con uno de ellos? Piensan que tienes mala leche natural. Por algo eres Escorpio.
  • ¿Haces una pregunta personal? Ya está el intrigante Escorpio preparando alguna jugada sucia…
  • ¿Miras a un chico o a una chica? El mundo se pone en guardia porque tú, con tu calentamiento escorpiano, vas a arrasar con su inocencia.
  • ¿Te sientes incomprendido? Anda ya… Estos escorpiones, que se lo toman todo a la tremenda…

Dado el panorama prejuicioso, Escorpio no tiene de otra más que desarrollar (además de paciencia) un sentido del humor que le permita sobrevivir.

El humor de Escorpio

El sentido del humor de Escorpio es sarcástico, burlón, muy corrosivo en ocasiones. Pero lo necesita así, bien afilado, para frenar al personal.

Dicen que su humor es negro. Y, sí, un puntazo negro sí tiene, ya que Escorpio, al desarrollar tanto su sentido del humor, se atreve con temas intocables para el resto. Las enfermedades o la muerte, por ejemplo.

Te quejas de un dolorcito de cabeza y Escorpio bromea con que ya tienes un pie en el otro barrio.

Desgraciado Escorpio. ¿Cómo dices esas barbaridades?

Y Escorpio, cargando una vez más con la etiqueta de malvado, te mira sin inmutarse, con su sonrisa a medias y quizás barruntando:

Te quejas por nada. De mí dicen barbaridades peores. Y no hablemos de lo que piensan

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