Acuario, el terapeuta enamorado

Ésta es la historia de un terapeuta de amplio saber y mente clara. La historia de un acuario que, por encima de todo, amaba la ciencia, porque gracias a ella podía ayudar a las personas que acudían a su consultorio a liberarse de serios problemas.

Acuario, el terapeuta, arrojaba una cuerda a sus pacientes para que éstos salieran de sus respectivos pozos vitales. Y lo hacía conservando su ecuanimidad en todo momento.

Sin despeinarse, liberó a leo del trastorno narcisista que empañaba sus relaciones con los demás. Ayudó a aries a controlar su hiperactividad. Enseñó a un capricornio adicto al trabajo a disfrutar más de la vida. Tardó lo que canta un gallo en llevar a virgo a que superase esa neurosis obsesiva de lavarse las manos cada 10 minutos…

Uno de los casos más complicados a los que se enfrentó fue el de piscis, que padecía de un romanticismo delirante que le hacía caer en múltiples adicciones.

Acuario no dejaba de preguntarse: — ¿Cómo es posible que un ser humano deje a un lado su capacidad de raciocinio para caer vencido por un puñado de hormonas?

Para acuario, eso era el amor: Una cuestión de hormonas descontroladas. Y, como si éstas le hubiesen estado escuchando, llegó el día en el que fue atacado por ellas.

Sin darse cuenta, acuario comenzó a sentir ese bailoteo hormonal y esas ensoñaciones espontáneas e incontrolables por alguien nuevo que llegó a su consulta: géminis.

Géminis llegó allí para resolver su problema de cleptomanía. Y era realmente agudo, porque le bastaron unos instantes para robarle el corazón y hasta el sueño al terapeuta.

Acuario se acordó tanto de piscis… No podía comer. Las ojeras le crecieron hasta el ombligo. Tenía un dolor en el cuerpo y en el alma que no lo aliviaba el paracetamol, ni la aspirina, ni la ingestión de cantidades masivas de chocolate. Únicamente pensaba en los ojos de géminis, en su voz, en su aroma, en su pelo…

La antigua bien amoblada cabeza de acuario se convirtió en una buhardilla desordenada a merced de las compulsiones. Se volvió loco, completamente loco de amor, pero se resistía a creer que eso le pudiera estar pasando.

En un instante de cordura, derivó a su paciente géminis al consultorio de su colega cáncer. Su intención era recuperar el orden y la mesura, pero no le funcionó el remedio porque el dolor se hizo aún más grande.

A todo el trastorno amoroso se le sumó la duda terrible de si volvería a ver a géminis. Y, aun peor, el desasosiego de pensar que podría enamorarse de otra persona… ¡Quizás de su nuevo terapeuta!

Poseído por el mal del amor, acuario fue a toda prisa a encontrarse con cáncer. No tenía muy claro lo que quería, pero allá que se plantó.

Cáncer, que era una eminencia descifrando profusos enredos emocionales, sonrió a acuario. Le ofreció una infusión relajante y le invitó a sentarse. — Colega, -le dijo- eso que sientes tiene un nombre muy conocido: A-M-O-R.

Acuario miró a cáncer consternado por la rapidez de su diagnóstico. Y cáncer siguió: — Si vas a esta dirección, tanto tú como géminis os curaréis.

Mientras cáncer le daba el papel, acuario hizo ademán de buscar su cartera para pagar su consulta: — No puedes pagarme -dijo cáncer muy sonriente-. ¡Vamos! ¡Vete!

Acuario salió corriendo hasta la dirección que cáncer le había apuntado. Llamó a la casa y le abrió géminis. Los dos se miraron a los ojos, en silencio, prescindiendo de la facilidad de ambos para la oratoria. Y no tardaron más de cinco segundos en empezar a besarse con auténtica desesperación y voracidad.

Cuando acuario entró en la casa de géminis le dio la sensación de estar en su propia casa. En parte, porque allí estaba casi toda su ropa, parte del mobiliario del consultorio (que no se dio cuenta de en qué hora desapareció), su cartera sobre la mesa y… ¡su corazón!

Géminis sólo estuvo robando hasta encontrar lo que buscaba. Y ahí estaba todo.

Acuario recuperó lo perdido con creces, porque géminis le llenó el alma de alegría, de juventud y de maravillosa locura.

Así fue como mutuamente se curaron y, como en el mejor de los cuentos, vivieron felices… ¿para siempre?

Mmmm… Creo que sí. Los astros miman mucho a esta parejita. Quienes no lo crean, que le echen un ojo a su súper-compatibilidad: Compatibilidad: géminis y acuario.